Jean-Auguste-Dominique Ingres.

Ingres La gran odalisca 1814

Cuadros fundamentales para entender la historia de la Pintura.

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La gran odalisca (1814). Jean-Auguste-Dominique Ingres.
Óleo sobre Tela. 91 cm x 162 cm.
Museo del Louvre. París, Francia.

 

Ingres es alumno de Jacques-Louis David y ambos son los más importantes pintores del neoclasicismo.

A pesar de su sólida formación neoclásica, consecuencia de las enseñanzas de David y su admiración por Rafael (observemos cómo el rostro de la odalisca parece pintado por Rafael -se lo considera un homenaje a la Virgen de la silla), a veces Ingres se acerca mucho al romanticismo.

Es más neoclásico en lo formal y más romántico en el espíritu. Por ello, los partidarios de una y otra corriente lo aman y lo rechazan todo el tiempo.

De todos los géneros en los que incursiona, es muy interesante lo que logra con el desnudo. Son dos sus enormes logros en ese ámbito.

El neoclasicismo trata al desnudo a partir de la tradición clásica: es el de los dioses y los héroes, casi siempre desnudos masculinos, donde la belleza anatómica no se cubre con ropas porque refleja la virtud. Ingres aprende todo esto, pero en realidad le interesa el desnudo femenino y su sensualidad, su carga erótica, su invitación al placer. Y finalmente se atreve a mostrarlo “sin excusas”, sin un contexto que justifique la desnudez, como podría ser una escena de un relato bíblico.

Sus desnudos son considerados los primeros grandes desnudos de la tradición moderna, ya que no representan escenas ni históricas, ni bíblicas, ni mitológicas.

Pero hay algo que es casi más importante aún que su ruptura con la tradición y esos primeros desnudos cargados de erotismo: sus protagonistas no son perfectas anatómicamente, sino que Ingres las distorsiona con un fin estético (recurso que ya se utilizaba con más sutileza en el manierismo). El artista ablanda los huesos para que los miembros de las figuras obtengan un aspecto sinuoso, más sensual. Estiliza los cuellos para lograr elegancia y delicadeza.

Y observemos fundamentalmente la espalda de la odalisca: es alargada por demás, como si Ingres hubiera superpuesto espaldas diferentes (como si hubiera desarmado un cuerpo para volverlo a componer a su gusto). Logra así un efecto que hace a esa espalda imponente, seductora, deliciosa.

Este tratamiento de la anatomía hace que Ingres sea muy criticado, lo consideren un excéntrico. Sin embargo, un siglo después, un muchacho llamado Pablo Picasso se inspirará en ese recurso para “revolucionar” la manera de representar el cuerpo humano.

 

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La pintura neoclásica.

El desnudo heroico.

Matisse, las odaliscas y el desnudo.

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